Mientras los canales “grandes” hacen grandes inversiones para prepararse para la implementación de la TV Digital, en la emblemática población La Victori sus vecinos se organizan para mantener al aire el primer canal comunitario de Chile bajo la amenaza constante de irse a negro.
La resistencia a la nueva ley queda más que clara al llegar al Canal 3 Foto: Sergio Piña / Terra
Gracias a la venta de un plato de pescado frito con ensaladas a mil 500 pesos los vecinos de la población La Victoria, en la comuna de Pedro Aguirre Cerda, pueden ver televisión. No es porque no puedan sintonizar los canales “nacionales”, sino que es la única forma que han encontrado para financiar su propia estación: la Señal 3.
Gracias a la ‘pescadatón’ de mayo, durante junio pudieron pagar las cuentas de agua, luz, gas e Internet, pero como el dinero escasea, ya tienen programada la venta de un ‘cocimiento’ durante este mes. A punta de esfuerzos y sacrificios es como se trabaja desde hace 18 años en el primer canal de televisión comunitario de Chile.
Esta forma de subsistir no es la única particularidad de la Señal 3, ya que no cuentan con ningún tipo de autorización, lo que en la práctica los convierte en un canal pirata. Esta condición no es impedimento para que puedan transmitir las 24 horas del día en un radio de cinco kilómetros. Su audiencia hace bastante tiempo que dejó de estar en el barrio y su programación puede ser sintonizada también en San Miguel, Lo Espejo, Cerrillos, Estación Central y parte de Santiago Centro.
El canal partió a principios de los 90 de la mano de un colectivo de vecinos que una vez al mes proyectaban documentales en la población. Se arrendaba un proyector, se colgaba una sábana en medio de un pasaje y llegaba el público. Pero no era suficiente. Al poco andar y con más ganas que recursos, comenzaron a contar historias del sector, entrevistando a sus habitantes y encuestando a los jóvenes. Los “pantallazos”, como les dicen, seguían cada 30 días, hasta que alguien llegó con un transmisor de televisión a la junta de vecinos en 1996. Del “telón” no se supo más y tampoco fue necesario; ahora los pobladores podían ver en sus casas la programación de factura local sintonizando el canal 3.
Programas infantiles, de cocina, de cultura, de política y noticias, hechos por vecinos son parte de su programación habitual. Pero también dedican un espacio importante al deporte, ya que transmiten los principales partidos de fútbol de forma gratuita, documentales y películas de estreno. “Estamos colgados del cable y transmitimos todos los días de la semana. Nos colgamos de canales de películas, de arte y cultura y la chorrera de documentales que bajamos de YouTube”, cuenta Luis “Polo” Lillo, uno de los fundadores y representante del colectivo que dirige la estación.
Es tal el grado de penetración que la frecuencia ha alcanzado en la zona y el cariño de los vecinos, que cuando por problemas técnicos se cae la señal, “la gente nos pregunta qué nos pasa, por qué no estamos transmitiendo y dicen que la otra tele es aburrida”, señala Polo.
En Señal 3 no hay director ni jefe. “La señal es de todos, aquí las puertas están abiertas y puede venir cualquier vecino”, dice el responsable mientras barre el agua que se filtró hasta los equipos del estudio tras una copiosa lluvia. “Somos un colectivo y cuando hay poca gente (participando en el canal), funcionamos como directorio. Si tú haces aquí, puedes hablar. Si llegas y no haces nada o no te apareces durante meses, estás cagado. Hay que participar y hacerlo con alegría, porque no te están pagando. Acá hay un compromiso moral”, relata.
Sin embargo, el trabajo que vienen desarrollando hace casi dos décadas hoy está amenazado. La puesta en marcha de la ley de televisión digital (TDT) implica que las transmisiones análogas que actualmente realizan todos los canales tendrán su fin en 2018. Tras el “apagón”, todas las estaciones deberán emitir en forma digital, pero los denominados canales “chicos”, como los regionales y comunitarios, no cuentan con los recursos para adquirir el nuevo equipamiento. Y como no hay ningún incentivo ni aporte estatal hacia estos medios, en Señal 3 temen dejar de existir.
Y que vengan los pacos
Polo cuenta que el canal baraja tres alternativas. Una de ellas es transformarse en un canal de TV Online, pero es sabido que muchos hogares de sectores populosos no cuentan con conexión a la red. Otra posibilidad es “ir a la resistencia y que vengan los pacos a cerrarnos y nos vamos (en contra) con toda la población”. Y la tercera, que implicaría bajar el telón, tal como lo hicieron con la sábana de los pantallazos de los 90. Esta última opción la descarta, ya que sabe que –así como hasta ahora- buscarán y rebuscarán la forma de seguir al aire. Para ello, necesitan al menos 30 millones de pesos, con los cuales podrían costear la compra de un transmisor, antena, cables, equipos del switch, cámaras y monitores.
“Tenemos cero posibilidad de hacerlo”, dice resignado. Otra alternativa sería desprenderse de la casa y la Escuela de Comunicación que funciona en el mismo lugar y que dicta talleres gratuitos a los jóvenes del barrio. “Tendríamos que vender todo. Valdría la pena si tuviéramos un gobierno consciente de que se necesita la diversidad, como dijo la Presidenta, y todos los sectores estén representados en la televisión”, cuestiona Lillo.
A su juicio, el gobierno ni los parlamentarios han tenido la voluntad política para legislar en favor del pluralismo mediático que promueva el surgimiento y mantención de pequeños medios de comunicación. “La autoridad cree que todos somos una manga de comunistas y no quieren darle plata a los comunistas para que hagan la revolución. Aquí hay anarquistas y hay dueñas de casa, de todo. Viene gente que no tiene idea de política y hace sus programas, pero no hemos tenido apoyo de ningún lado”, insiste. “La miseria en que viven los canales comunitarios es la cara del país en comunicación”, añade.
Y aunque esta estación contara con los recursos para cambiar sus equipos análogos a digitales, Polo Lillo afirma que el marco regulatorio recientemente promulgado no les favorece. Según explica, la ley deja un 40 por ciento del espectro radioeléctrico para emisoras comunitarias, sin embargo, esa cifra correspondería a las frecuencias “remanentes”. Es decir, aquellas que queden disponibles después de un nuevo proceso de licitación de frecuencias. “Es una ley súper mal hecha, porque combinan gente que lucra con las televisoras comunitarias que no lucran. ¿Cómo haces una ley en la que los metes todos al mismo saco?”, pregunta. Todo esto lo hace pensar en un poco auspicioso futuro para el canal. “Nos están encarcelando, poniendo leyes, poniendo barreras, pero no nos están dando nada con qué flotar. No hay voluntad política”, dice con pesar.
En Señal 3 no pierden la esperanza de que antes del ‘apagón’ se pueda producir un cambio legislativo que entregue herramientas que fomenten y permitan mantener al aire a las estaciones comunitarias, que actualmente suman a duras penas decena en todo el país.
“Y que nos vengan a cerrar… van a salir todos los vecinos a defendernos”, advierte el Polo. No por nada el canal se fundó en el corazón de La Victoria, población originada en la primera toma organizada de terrenos de Chile. Aquí y en la emisora saben de lucha y resistencia.
TV hecha a pulso
- 25 personas participan del colectivo que da vida al canal
- 7 personas conforman el equipo técnico, muchos de los cuales realizan más de una función.
- Para aumentar el área de cobertura, fabrican una antena que venden a 4 mil pesos.
- La estación cuenta con dos personalidades jurídicas: una como centro cultural y otra como Agrupación Audiovisualista Señal 3 La Victoria. Gracias a ésta última, sus representantes pueden participar en la mesa de la sociedad civil de la Subtel.
- La casa en la que funciona el canal fue adquirida gracias a una donación del conocido grupo español Ska-P, que pagó el 50% de su valor, un “amigo” alemán puso otro 40% y el restante fue aportado por la comunidad.
- Las cámaras, que funcionan con cintas, fueron donadas por la Agencia Española de Cooperación a través de un canal comunitario hispano.
Los "piratas" de La Victoria se oponen a la TV Digital
- Polo Lillo, fundador y representante del colectivo Canal 3, cuenta el porqué de su resistencia. Foto: Sergio Piña / Terra Todo sobre el Canal 3 y su tenaz oposición a la Ley recién aprobada
- Para sobrevivir venden pescado frito, entre otras cosas. Foto: Sergio Piña / Terra
- Transmiten colgados del cable. Foto: Sergio Piña / Terra
- Cuando no salen al aire, la población reclama porque la otra TV es aburrida. Foto: Sergio Piña / Terra
- Las puertas están abiertas, aquí puede transmitir cualquier vecino Foto: Sergio Piña / Terra
- Todo partió a mediados de los 90, cuando proyectaban documentales en una sábana colgada en cualquier pasaje de La Victoria. Foto: Sergio Piña / Terra
- La TV Digital Terrestre (no confundir con los streamings que permiten ver videos por internet, ni con el cable) requiere tremendas inversiones. Y aquí no hay plata. Foto: Sergio Piña / Terra
- Una opción de Canal 3 es convertirse en un canal on line Foto: Sergio Piña / Terra
- Otra, bajar el telón. Foto: Sergio Piña / Terra
- La tercera es la resistencia. "Que vengan los pacos", dice Polo. Foto: Sergio Piña / Terra
- "Si nos cierran, van a venir todos los vecinos a defendernos", dice Polo. Foto: Sergio Piña / Terra
- Y mientras perseveran con la convicción de que sus contenidos son relevantes para los vecinos Foto: Sergio Piña / Terra
- Dudan de que alguien los financie. "Creen que somos comunistas, cuando acá hay de todo, desde anarquistas a dueñas de casa". Foto: Sergio Piña / Terra
- Aportes españoles les han permitido operar hasta ahora, así se compró la casa y las cámaras que funcionan con cintas. Foto: Sergio Piña / Terra
- Con "pescadotones" no se puede financiar la operación. Foto: Sergio Piña / Terra
- 25 personas trabajan en el canal 3. Vende a 4 mil pesos la antena para ampliar el área de cobertura. Foto: Sergio Piña / Terra
- Equipos antiguos e instalaciones precarias que el día en que tomamos estas fotos se llovían por los cuatro costados. Foto: Sergio Piña / Terra
- La resistencia a una ley que promete igualdad y diversidad en estas inatalaciones es tenaz. Foto: Sergio Piña / Terra
No hay comentarios:
Publicar un comentario