viernes, 13 de junio de 2014

Cientýficos afirman que el rostro humano evolucioný para reducir el efecto de los golpes

La idea viene de David Carrier y Michael Morgan, quienes previamente habýan planteado que la mano se fue moldeando en base a su rol en las luchas.

WASHINGTON.-  Dos cientýficos de la Universidad estadounidense de Utah, quienes ya han propuesto la idea de que la lucha puede haber moldeado la mano humana, dicen ahora que el rostro masculino quizý evolucioný para reducir el efecto de los puýetazos.


En un artýculo que publica hoy la revista Biological Reviews, David Carrier y el fýsico Michael Morgan, tambiýn de la Universidad de Utah en Salt Lake City, sostienen que, especialmente entre los homýnidos australopitecos que dieron origen al gýnero Homo, el rostro evolucioný para minimizar las lesiones en las luchas por las hembras, los recursos y otras disputas.


La hipýtesis contrasta con la creencia compartida hasta ahora por la mayorýa de los cientýficos segýn la cual la evoluciýn de rostros robustos entre los ancestros de los humanos fue resultado, en gran medida, de la necesidad de masticar alimentos duros como los frutos secos.


"Los australopitecos se caracterizaron por un conjunto de rasgos que pueden haber mejorado su capacidad para la pelea, incluidas las proporciones de la mano que permiten la formaciýn del puýo, lo cual convierte el delicado sistema muscular y esquelýtico de la mano en un garrote eficaz para la lucha", seýalý Carrier, autor principal del estudio.


"Y si la evoluciýn de las proporciones de nuestra mano, de hecho, estuvo asociada con la selecciýn por el comportamiento para la pelea, uno bien puede esperar que el blanco principal de los puýetazos, el rostro, haya evolucionado para protegerse mejor en las riýas", agregý.


En un artýculo que publicaron en 2012 en la revista Journal of Experimental Biology, Carrier y Morgan observaron que los parientes mýs cercanos de los humanos, los chimpancýs y los bonobos, en general no forman un puýo con sus manos, y que cuando flexionan los dedos forman algo mýs parecido a una rosquilla.


El golpe con la palma de la mano contra una bolsa de arena como la que usan los boxeadores para entrenarse no es mýs fuerte ni mýs dýbil que el golpe con el puýo cerrado. Pero el puýo humano reduce el ýrea de impacto y eso aumenta el efecto y la capacidad de causar lesiones mediante un fortalecimiento de la segunda articulaciýn metacarpo-falange, explicaron.


"Cuando los humanos modernos luchan mano a mano habitualmente la cara es el blanco principal de los golpes", seýala el artýculo de hoy. "Lo que encontramos es que los huesos que tienen las tasas mýs altas de fractura en el crýneo son los que exhiben el mayor incremento de robustez durante la evoluciýn de los homýnidos".


Y esos huesos tambiýn son las partes del crýneo que muestran las diferencias mayores entre machos y hembras tanto en los australopitecos como entre los humanos. "En otras palabras, los rostros masculinos y femeninos son diferentes porque las partes del crýneo que se rompen en las peleas son mýs grandes entre los machos", seýalaron los autores.


Los cientýficos apuntaron como importante el hecho de que estas caracterýsticas faciales aparecen en los registros fýsiles al mismo tiempo que los ancestros de los humanos evolucionaron las proporciones de la mano que permiten la formaciýn del puýo.


El trabajo de Carrier y Morgan tiene implicaciones en el debate entre los filýsofos que creen que antes de la civilizaciýn los humanos eran "salvajes nobles", y que la civilizaciýn los ha tornado violentos. "Es una idea que persiste en las ciencias sociales y en dýcadas recientes ha tenido el apoyo de algunos biýlogos evolucionarios y antropýlogos", apuntý Carrier. "Pero otros muchos cientýficos encuentran pruebas de que nuestro pasado distante no fue tan pacýfico".

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